Las crisis de saturno y la alegría de ser nosotros mismos

La foto es de la sonda espacial cassini, tomada en la sombra de saturno.

Bibliografía: Saturno, Un nuevo enfoque a un viejo diablo (Liz Greene)

En los cuentos y los mitos vemos como lo feo basto y tosco puede redimirse y convertirse en el príncipe azul por ejemplo en la bella y la bestia, o en el sapo que es besado se convierte en el príncipe.

poder ver en la vida esa doble cara de la misma moneda no es tan fácil cada vez que tenemos una frustración o una dificultad no la queremos besar, lo que parece tan lógico y tan fácil de hacer en el cuento de hadas resulta que es muy difícil integrarlo en la vida.

Así entonces configuramos todo en términos de blanco y negro, de bueno o malo de moral y amoral.

En la astrología sigue existiendo la misma tendencia, hay aspectos buenos y malos, planetas benéficos y maléficos.

A saturno se le ha dado la connotación de la bestia pero mi intención en esta charla es mostrar la otra cara.

que sería de un cuento sin el malo de la historia? como se narraría al héroe si no tiene que buscar y luchar con alguien? saturno no es solo restricción, dolor, limitación, también nos ayuda en el proceso psíquico de descubrirnos.

Se le denomina el Guardián del umbral, pues solo pasando el umbral podemos ser libres mediante la comprensión de nosotros mismos.

Únicamente se llega al libre albedrío a través del propio descubrimiento, que desafortunadamente no se produce hasta que las cosas no se ponen feas y no hay otra salida.

Todos hemos vivido a saturno cuando vivimos desengaños, retrasos, angustias, pero a la pregunta de Qué significan ? y cómo les puedo sacar provecho? no existen muchas respuestas a parte del consejo típico: Paciencia y autocontrol o “suerte” o igualmente inutil: es una situación de karma. Es muy posible saturno busque que nuestra psique se pregunte POR QUE? al igual que Parsifal necesitaba abrir consciencia y hacer la pregunta adecuada para encontrar el santo grial.

Freud nos dejó un gran legado mostrando esa parte de la psique llamada inconsciente, en el cual según el, allí se vierten todos los contenidos que conscientemente no podemos expresar, bien sea por una moral muy fuerte o por un medio que no permite la libre expresión. El enviar principios vitales allí no quiere decir que se esfumen, o que no existan, al contrario tendrán una mayor fuerza y actuarán desde donde no tenemos control o poder, aparecerán como los accidentes, los enemigos, los retrasos, los saboteos.

Allí en el umbral de lo consciente y lo inconsciente se encuentra Saturno, ayudandonos a preservar lo que mas estimamos de nosotros mismos y excluyendo lo que odiamos y consideramos dañino para la expresión propia.

Pero si solo nos identificamos con una parte, empezaremos a sentirnos victimas de la otra o del destino y se sentirá una total impotencia ante la vida. Únicamente se puede encontrar la libertad aprendiendo mas de sí mismo y comprendiendo la influencia de una experiencia desde la totalidad de su yo y nada como la frustración, herramienta de saturno para ayudar al hombre a esa integración.

Los mecanismos de actuación de saturno casi siempre son los terceros, las bacterias, los virus, las enfermedades, los vecinos, los hermanos, la familia, la pareja, el enemigo o en forma de mala suerte, retrasos o el favorito: La soledad.

Lo que busca el sí mismo con saturno es un nuevo equilibrio o un punto de vista mas amplio.

el verdadero sufrimiento surge cuando las ideas conscientes de lo que es correcto y apropiado entran en conflicto con el que inconscientemente se ha escogido.

Muchas veces se encuentra la persona con el saboteador en su vida activo, destruyendo lo que consciente mente se quiere hacer. Muchas veces detrás del miedo y la culpa se esconde un objetivo mas sabio y significativo que el escogido por el consciente. desafortunadamente solo se ve la destrucción.

No es fácil hacerse amigo de saturno, la antigua alquimia muestra una ruta para esto. la moderna psicología igualmente es el sendero paralelo a la antigua alquimia.

Los invito a leer según su posición de saturno algunas reflexiones:

Saturno en Aries o en casa 1 I
Saturno en Tauro o en la casa 2 II
Saturno en Géminis o en la casa 3 III
Saturno en Cancer o en la casa 4 IV Imum Coeli
Saturno en Leo o en Casa 5 V
Saturno en Virgo o en casa 6 VI
Saturno en Libra o en la casa 7 VII Descendente
Saturno en Escorpio y en casa 8 VII
Saturno en Sagitario o en la casa 9
Saturno en Capricornio o en casa 10 X MC Medio Cielo
Saturno en Acuario o en la casa 11 XI
Saturno en Piscis o en casa 12 XII

Presentación en PowerPoint:

Diferido de la conferencia:

Reconocer la sombra y darle el puesto que se merece en nuestra vida

La sombra son todos aquellos principios vitales que no queremos tenerlos en nuestra vida porque nos parecen amorales, o indignos o los sentimos amenazantes a la seguridad.

Pero son arquetipos vivos que necesitan expresión, si no se los toma en cuenta salen en forma de compulsión o de enfermedad.

En este video se muestra en forma poetica (por Ruben Darío, poeta Nicaragüense) como Frasncisco de Asis enseñó a los aldeanos a lidiar con su sombra lobo, un principio activo y dinámico que no quería ser asumido y se desvocó para atacar desde la oscuridad de forma compulsiva.

La historia completa del lobo y Francisco de Asis, la encuentra debajo del video.

En el tiempo en que San Francisco moraba en la ciudad de Gubbio, apareció en la comarca un grandísimo lobo, terrible y feroz, que no sólo devoraba los animales, sino también a los hombres; hasta el punto de que tenía aterrorizados a todos los habitantes, porque muchas veces se acercaba a la ciudad. Todos iban armados cuando salían de la ciudad, como si fueran a la guerra; y aun así, quien topaba con él estando solo no podía defenderse. Era tal el terror, que nadie se aventuraba a salir de la ciudad.

San Francisco, movido a compasión de la gente del pueblo, quiso salir a enfrentarse con el lobo, desatendiendo los consejos de los habitantes, que querían a todo trance disuadirle. Y, haciendo la señal de la cruz, salió fuera del pueblo con sus compañeros, puesta en Dios toda su confianza. Como los compañeros vacilaran en seguir adelante, San Francisco se encaminó resueltamente hacia el lugar donde estaba el lobo. Cuando he aquí que, a la vista de muchos de los habitantes, que habían seguido en gran número para ver este milagro, el lobo avanzó al encuentro de San Francisco con la boca abierta; acercándose a él, San Francisco le hizo la señal de la cruz, lo llamó a sí y le dijo:

— ¡Ven aquí, hermano lobo! Yo te mando, de parte de Cristo, que no hagas daño ni a mí ni a nadie.

¡Cosa admirable! Apenas trazó la cruz San Francisco, el terrible lobo cerró la boca, dejó de correr y, obedeciendo la orden, se acercó mansamente, como un cordero, y se echó a los pies de San Francisco. Entonces, San Francisco le habló en estos términos:

— Hermano lobo, tú estás haciendo daño en esta comarca, has causado grandísimos males maltratando y matando las criaturas de Dios sin su permiso; y no te has contentado con matar y devorar las bestias, sino que has tenido el atrevimiento de dar muerte y causar daño a los hombres, hechos a imagen de Dios. Por todo ello has merecido la horca como ladrón y homicida malvado. Toda la gente grita y murmura contra ti y toda la ciudad es enemiga tuya. Pero yo quiero, hermano lobo, hacer las paces entre ti y ellos, de manera que tú no les ofendas en adelante, y ellos te perdonen toda ofensa pasada, y dejen de perseguirte hombres y perros.

Ante estas palabras, el lobo, con el movimiento del cuerpo, de la cola y de las orejas y bajando la cabeza, manifestaba aceptar y querer cumplir lo que decía San Francisco. Díjole entonces San Francisco:

— Hermano lobo, puesto que estás de acuerdo en sellar y mantener esta paz, yo te prometo hacer que la gente de la ciudad te proporcione continuamente lo que necesitas mientras vivas, de modo que no pases ya hambre; porque sé muy bien que por hambre has hecho el mal que has hecho. Pero, una vez que yo te haya conseguido este favor, quiero, hermano lobo, que tú me prometas que no harás daño ya a ningún hombre del mundo y a ningún animal. ¿Me lo prometes?

El lobo, inclinando la cabeza, dio a entender claramente que lo prometía. San Francisco le dijo:

— Hermano lobo, quiero que me des fe de esta promesa, para que yo pueda fiarme de ti plenamente.

Tendióle San Francisco la mano para recibir la fe, y el lobo levantó la pata delantera y la puso mansamente sobre la mano de San Francisco, dándole la señal de fe que le pedía. Luego le dijo San Francisco:

— Hermano lobo, te mando, en nombre de Jesucristo, que vengas ahora conmigo sin temor alguno; vamos a concluir esta paz en el nombre de Dios.

El lobo, obediente, marchó con él como manso cordero, en medio del asombro de los habitantes. Corrió rápidamente la noticia por toda la ciudad; y todos, grandes y pequeños, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, fueron acudiendo a la plaza para ver el lobo con San Francisco. Cuando todo el pueblo se hubo reunido, San Francisco se levantó y les predicó, diciéndoles, entre otras cosas, cómo Dios permite tales calamidades por causa de los pecados; y que es mucho más de temer el fuego del infierno, que ha de durar eternamente para los condenados, que no la ferocidad de un lobo, que sólo puede matar el cuerpo; y si la boca de un pequeño animal infunde tanto miedo y terror a tanta gente, cuánto más de temer no será la boca del infierno.

— Volveos, pues, a Dios, carísimos, y haced penitencia de vuestros pecados, y Dios os librará del lobo al presente y del fuego infernal en el futuro.

Terminado el sermón, dijo San Francisco:

— Escuchad, hermanos míos: el hermano lobo, que está aquí ante vosotros, me ha prometido y dado su fe de hacer paces con vosotros y de no dañaros en adelante en cosa alguna si vosotros os comprometéis a darle cada día lo que necesita. Yo salgo fiador por él de que cumplirá fielmente por su parte el acuerdo de paz.

Entonces, todo el pueblo, a una voz, prometió alimentarlo continuamente. Y San Francisco dijo al lobo delante de todos:

— Y tú, hermano lobo, ¿me prometes cumplir para con ellos el acuerdo de paz, es decir, que no harás daño ni a los hombres, ni a los animales, ni a criatura alguna? El lobo se arrodilló y bajó la cabeza, manifestando con gestos mansos del cuerpo, de la cola y de las orejas, en la forma que podía, su voluntad de cumplir todas las condiciones del acuerdo.

Añadió San Francisco:

— Hermano lobo, quiero que así como me has dado fe de esta promesa fuera de las puertas de la ciudad, vuelvas ahora a darme fe delante de todo el pueblo de que yo no quedaré engañado en la palabra que he dado en nombre tuyo. Entonces, el lobo, alzando la pata derecha, la puso en la mano de San Francisco. Este acto y los otros que se han referido produjeron tanta admiración y alegría en todo el pueblo, así por la devoción del Santo como por la novedad del milagro y por la paz con el lobo, que todos comenzaron a clamar al cielo, alabando y bendiciendo a Dios por haberles enviado a San Francisco, el cual, por sus méritos, los había librado de la boca de la bestia feroz.

El lobo siguió viviendo dos años en Gubbio; entraba mansamente en las casas de puerta en puerta, sin causar mal a nadie y sin recibirlo de ninguno. La gente lo alimentaba cortésmente, y, aunque iba así por la ciudad y por las casas, nunca le ladraban los perros. Por fin, al cabo de dos años, el hermano lobo murió de viejo; los habitantes lo sintieron mucho, ya que, al verlo andar tan manso por la ciudad, les traía a la memoria la virtud y la santidad de San Francisco.